La preeclampsia está asociada con una elevación de la presión arterial que se presenta a partir de la semana 20 de embarazo y puede llegar a ser muy peligrosa tanto para la madre como para el bebé.

En algunas oportunidades no se evidencia ningún síntoma. En otras, las manos, los pies, los tobillos y la cara presentan hinchazón. La visión se torna borrosa, con destellos luminosos o los objetos se ven dobles. Los dolores de cabeza se vuelven permanentes y ocasionan náuseas y vómito.

Muchos de esos síntomas se pueden llegar a relacionar con otros malestares comunes del embarazo y no se les presta una mayor atención. Sin embargo, se puede estar al frente de un enemigo silencioso muy peligroso, que puede aparecer a partir de la semana 20 de gestación y que puede poner en alto riesgo la vida de la madre y del bebé.

Se trata de la preeclampsia, una fuerte subida de la tensión arterial que ocurre en el desarrollo del embarazo. Su origen no está científicamente determinado, pero las investigaciones médicas la relacionan principalmente con el sobrepeso, diabetes, alto consumo de grasas, entre otros factores de riesgo.

De acuerdo con el ginecólogo Jesús Iván Sierra, la preeclampsia se asocia con algunas condiciones adversas y complicaciones severas tanto en la madre como en el bebé. Las condiciones adversas no son muy específicas y consisten en la presencia de signos y síntomas junto con alteraciones en exámenes de laboratorio practicados a la madre y resultados anormales de monitoreo fetal, que pueden anunciar el desarrollo de complicaciones más severas.

Dentro de las publicaciones graves de la preeclampsia están los problemas neurológicos que le ocurren a la madre (eclampsia, edema cerebral, enfermedad cerebrovascular); cardiorespiratorios (hipertensión severa no controlada, edema pulmonar, infarto agudo del miocardio); hematológicos (recuento bajo de plaquetas, anemia hemolítica), y afecciones severas en otros órganos (falla renal aguda, mal funcionamiento hepático, hematoma hepático con y sin ruptura).

Síntomas

Los síntomas asociados a la preeclampsia no son muy específicos y varían de una mujer a otra, pero los que se presentan comúnmente son:

Dolor de cabeza persistente
Alteraciones visuales (visión borrosa, luces brillantes)
Dolor torácico o abdominal
Dificultad para respirar
Disminución de la orina
Edema o hinchazón progresivo de las extremidades
Hinchazón inexplicable en las manos, cara o alrededor de los ojos
Hinchazón repentina o excesiva en los tobillos y pies

Diagnóstico

El diagnóstico de preeclampsia se realiza de manera sencilla y se hace con la toma de la presión arterial. Los médicos definen como presión arterial sistólica alta cuando el indicador señala 140 o más, y presión arterial diastólica de 90 o superior.

La paciente sometida a dos tomas que se hacen con un intervalo de 15 minutos cada una, en el mismo brazo, para confirmar si existen anomalías en la presión arterial. Este sencillo examen se realiza dentro del protocolo que se lleva a cabo en los controles de la madre gestante y se le presta mayor atención cuando se llega a la semana 20 del embarazo.

Para el diagnóstico de preeclampsia, la elevación de la presión arterial debe estar acompañada de la presencia de proteínas en una cantidad mayor o igual a 0.3 gramos/día, en una muestra de orina recolectada en 24 horas, mayor o igual a 30 mg/mmol (0.3 mg/mg) creatinina urinaria en una muestra de orina aislada.

Cuando se encuentra una o más complicaciones severas asociadas, la preeclampsia se define como severa. Para el diagnóstico de complicaciones severas se requieren estudios complementarios: exámenes de laboratorio en sangre e imágenes diagnósticas como ecografía, tomografía computarizada o resonancia nuclear magnética.

“La identificación de factores de riesgo no es suficiente para predecir de forma consistente el desarrollo de preeclampsia y actualmente contamos con mediciones clínicas (ecografía doppler de arterias uterinas) y algunos marcadores de laboratorio que nos ayudan a predecir la enfermedad o la presencia de complicaciones severas”, agrega el ginecólogo Jesús Iván Sierra.

Tratamiento

Su tratamiento depende de las semanas de gestación al momento del diagnóstico, tiempo y forma de evolución de la enfermedad y de las condiciones adversas y complicaciones severas asociadas. El manejo incluye medidas farmacológicas con medicamentos para el control de las cifras de presión arterial y para la prevención de eclampsia, la cual es la fase grave de la preeclampsia.

Así mismo, el uso adecuado de los líquidos endovenosos, uso de corticoides y otras terapias, de acuerdo a la presencia de complicaciones severas que incluye la transfusión de derivados sanguíneos.

En algunos casos, los médicos recomiendan la terminación del embarazo ya sea por parto o cesárea en embarazos a término; sin embargo, en mujeres con embarazos previos a término, el manejo será individualizado, con el fin de lo poner en riesgo la vida de la madre y el bebé.

Para reducir el riesgo de preeclampsia, el especialista recomienda controles de rigor a partir de la semana 20 del embarazo y un cambio en el estilo de vida que incluye un control adecuado del peso materno, actividad física moderada en mujeres de bajo riesgo, alimentación con un adecuado suplemento de micronutrientes y el debido diagnóstico y tratamiento de infecciones vaginales y del tracto urinario.

 

Tomado de: Revista Vivir Bien; ColMédica

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