¿Síndrome de Down? Tal vez esto es lo último en lo que piensa una madre cuando la prueba de embarazo sale positiva. Incluso, cuando le entregan a su hijo recién nacido en brazos. Y aunque las reacciones y opiniones frente al tema sean bastante amplias, está claro que el corazón de una madre no conoce distinciones.

¿Qué padre quiere ver a sus hijos sufrir?, ¿a qué madre no le partiría el corazón que su hijo fuera rechazado? Que no tuviera amigos o que sea el foco de murmullos y miradas, no de admiración, sino de esa curiosidad e indiscreción que es capaz de lastimarnos hasta lo más profundo.

El amor de una madre o un padre, no se compara con nada. Aunque lamentablemente existan algunos casos en que, cualquiera de los padres rechace la condición de su hijo, podríamos decir que la gran mayoría, ama y apoya a ese hijo desde el primer instante en que llega a sus vidas.

La forma del amor
"Me gusta pensar en que el amor es ciego. No me refiero a ese amor ciego del que nos tildan como causa para aceptar el maltrato, el irrespeto o la violencia en una relación. Sino ese amor que proviene de Dios, el amor que no viene dosificado, ni digno solo para unos cuantos. Me gusta pensar que el amor no conoce raza, ni estrato, ni color, ni condición, es para todos, sin importar de dónde vengamos o quiénes seamos". (Testimonio).

¿Por qué no sería digno del mismo amor un niño con síndrome de Down?, ¿por qué pensamos que merecen menos o que sus padres deben sentir pena? Al contrario, estos padres conocen un amor aún más grande, un amor con un cromosoma extra que lo cambia todo. Que lleva este concepto a otro nivel.

La transformación del corazón
"Los hijos, vienen con esa increíble y maravillosa capacidad de sacar de nosotros, lo mejor. Convertirnos en padres nos demuestra que somos mucho más fuertes de lo que pensábamos. Aprendemos a combatir nuestros más grandes miedos e inseguridades. Porque el amor que ese hijo nos brinda, es tan inmenso, que es capaz de hacernos descubrir cualidades o fortalezas que jamás creímos poseer en nuestro interior.

La oscuridad ya no nos da miedo, los monstruos debajo de la cama ahora son cuento chino, las heridas y caídas se pueden curar con un buen beso o un abrazo, y las lágrimas se pueden cambiar por carcajadas en un abrir y cerrar de ojos. Un hijo con síndrome de Down no puede ser más que una bendición, igual a la que Dios le otorga a los millones de padres y madres que le dan el sí a la vida". (Testimonio).

Es verdad que para los padres que tienen un hijo con síndrome de Down la vida no es tan sencilla. Para nadie la es, pero para ellos, todo se complica un poco más. Porque vivimos en un mundo que señala con el dedo, uno en el que hace mucha falta ser compasivo. El problema no es de los padres, ni de los niños, el problema es nuestro, al no luchar por la inclusión y hacerle ver a estos pequeños y sus papás, que tienen derecho al mismo trato.

Si eres padre o madre de un niño con síndrome de Down, hoy me gustaría darte las gracias, no solo por traer a tu hijo al mundo, sino por amar a ese ser con todas las fuerzas de tu corazón. Por luchar por su felicidad y por limpiarte las lágrimas y seguir adelante aún cuando otros te han lastimado con sus comentarios.

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